Cuando hablamos de grasas buenas nos referimos a aquellas que son de calidad y que provienen de alimentos como el huevo, el aguacate, los frutos secos o pescados como el salmón. Las grasas dan a nuestro cuerpo la energía que necesita. Por sí solo, el cuerpo no es capaz de generar grasas, por lo que necesita ingerirlas y obtenerlas de los alimentos para realizar funciones específicas como mantener la piel y el pelo saludables, desarrollar nuestro cerebro, controlar la inflamación e incluso reducir el riesgo de tener cáncer.

A pesar de la mala fama que tienen las grasas en la dieta, lo cierto es que son muy necesarias para que nuestro cuerpo funcione correctamente. Además, este macronutriente puede contribuir a tener resultados muy beneficiosos para nuestra salud si los consumimos de manera moderada.

Se estima que se debe de consumir un 40-30% de carbohidratos, un 40% en proteínas y un 20-30% en grasas para nutrir nuestro cuerpo de forma correcta y darle todo lo que necesita para que realice sus funciones correctamente. Lo ideal es escoger alimentos que contengan grasas saludables y no grasas perjudiciales para nuestra salud.

Todas las grasas están formadas por dos tipos de ácidos grasos: los saturados y los insaturados. Las llamadas grasas buenas son aquellas que no han sido transformadas o procesadas, de tal forma que nuestro organismo puede procesarlas y así obtener los nutrientes necesarios, y son las llamadas grasas insaturadas.

¿Cómo actúan las grasas saturadas e insaturadas en nuestro cuerpo?

Las grasas saturadas son aquellas provenientes de fuentes animales como la carne grasa, la mantequilla o los lácteos como el queso, por lo que conviene evitarlas lo máximo posible. Estas grasas elevan el colesterol “malo” científicamente llamado LDL que obstruye las arterias, lo cual puede provocar un ataque cardíaco entre otros problemas. Se considera que lo ideal es consumir como mucho un 6% de nuestras calorías diarias de este tipo de grasas.

Por el contrario, el consumo de grasas insaturadas puede contribuir a bajar el colesterol LDL. Dentro de las grasas insaturadas encontramos dos tipos: las grasas monoinsaturadas y las poliinsaturadas.

Un ejemplo de grasas monoinsaturadas es el aceite de oliva y de grasas poliinsaturadas sería el aceite de maíz. Conviene consumir alimentos ricos en ácidos grasos de este tipo como pueden ser los cereales, frutas, verduras y el omega 3 presente en algunos pescados.

Otros beneficios de las grasas buenas para nuestro organismo:

Además de mejorar tu composición corporal, el consumo de grasas buenas ayuda a controlar el apetito cuando se combinan con proteínas. Asimismo, contribuye en el aumento de masa muscular, ya que nuestro cuerpo produce una mejora el ambiente hormonal, elevando la testosterona y la hormona del crecimiento.

Otro beneficio del consumo moderado de grasas es que incrementa la oxidación de grasas, llamada lipólisis. Es decir, el consumo de éstas promueve la “quema” de grasas, además de evitar que los genes acumulen tejido adiposo. Por eso, se aconseja consumir 3 gramos de omega 3 al día. Uno de los beneficios del omega 3 es la mejora de la tiroides y por lo tanto, del metabolismo. Por otro lado, mejora el estado de ánimo y el funcionamiento cerebral.

Para concluir, te presentamos algunos alimentos que contienen grasas buenas y que contribuyen a un correcto funcionamiento de nuestro organismo. Consume aguacate, aceites vegetales como el de oliva o girasol, semillas como el lino, pescados azules como el salmón o el atún, frutos secos o mariscos. Prepara tus recetas saludables con electrodomésticos de Kenwood y déjate sorprender por el sabor.

Una correcta alimentación implica que debemos ingerir una proporción adecuada de grasas buenas, evitando las saturadas presentes en alimentos procesados. Llevando a cabo una dieta equilibrada conseguiremos ganar en salud.